Imagen de un trabajador sentado en la sombre después de sufrir estrés térmico por calor.

Estrés térmico por calor

El estrés térmico por calor es uno de los riesgos laborales más subestimados en España. Sin embargo, cada verano se convierte en una amenaza real para miles de trabajadores expuestos a ambientes calurosos. Por eso, anticiparse es más eficaz que reaccionar.

Además, el contexto lo exige. Las olas de calor son cada vez más frecuentes e intensas. Por ello, las empresas deben incorporar la prevención del calor como parte de su gestión ordinaria.

En este artículo encontrarás qué es el estrés térmico, cómo identificarlo, qué dice la normativa vigente y qué medidas preventivas puedes aplicar para proteger a tus trabajadores.

¿Qué es el estrés térmico por calor?

El estrés térmico por calor se produce cuando el organismo no es capaz de eliminar el calor acumulado con la suficiente eficacia. En consecuencia, la temperatura corporal sube de forma progresiva, poniendo en riesgo la salud del trabajador.

Este fenómeno no depende únicamente de la temperatura ambiente. De hecho, intervienen múltiples factores que deben valorarse de forma conjunta: el entorno, el tipo de tarea y las condiciones personales del trabajador.

Factores ambientales que determinan el estrés térmico

Los principales factores ambientales que determinan el nivel de riesgo son:

  • Temperatura del aire: cuanto mayor es, menor capacidad tiene el cuerpo para disipar el calor.
  • Humedad relativa: una humedad alta dificulta la evaporación del sudor, que es el mecanismo principal de enfriamiento.
  • Radiación solar directa: aumenta de forma significativa la carga térmica sobre el trabajador.
  • Velocidad del aire: una mayor ventilación favorece la disipación del calor corporal.

Por tanto, dos puestos de trabajo con la misma temperatura exterior pueden tener niveles de riesgo muy distintos. Todo depende de la combinación de estos factores en cada entorno concreto.

Síntomas y patologías asociadas al estrés térmico

Conocer los síntomas del estrés térmico es fundamental para actuar a tiempo. Además, una detección precoz puede evitar consecuencias graves e irreversibles.

Del agotamiento por calor al golpe de calor: señales de alerta

El espectro de patologías asociadas al calor va desde molestias leves hasta emergencias médicas. Por eso, es importante distinguir entre ellas:

  • Agotamiento por calor: aparece cuando el organismo pierde líquidos y sales minerales en exceso. El trabajador se siente débil, mareado y con náuseas. Es reversible si se actúa rápido.
  • Golpe de calor: es la forma más grave. Se produce cuando la temperatura corporal supera niveles críticos. Puede causar confusión, pérdida de conocimiento e incluso la muerte si no se atiende de inmediato.

Por consiguiente, cualquier señal de alerta debe tomarse en serio. Esperar a que el trabajador se recupere solo es un error que puede tener consecuencias graves.

Síntomas que los trabajadores deben saber reconocer

La formación es decisiva aquí. Así, un trabajador formado reconocerá antes los síntomas y actuará antes de que la situación se agrave. Los más frecuentes son:

  • Sed intensa y boca seca.
  • Fatiga y debilidad general.
  • Dolor de cabeza y mareos.
  • Calambres musculares, especialmente en piernas y abdomen.
  • Piel caliente, enrojecida o, por el contrario, fría y pálida.
  • Náuseas y vómitos.
  • Confusión, dificultad para concentrarse o pérdida de coordinación.

Ante cualquiera de estos síntomas, la respuesta debe ser inmediata: parar la actividad, buscar un lugar fresco y proporcionar agua. Si los síntomas persisten o se intensifican, se debe llamar a los servicios de emergencia.

Marco normativo: obligaciones legales ante las altas temperaturas

La prevención del estrés térmico no es solo una buena práctica. En España, también es una obligación legal. Por ello, conviene conocer qué exige la normativa vigente.

Ley 31/1995 de PRL y Real Decreto 486/1997

La Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales establece la obligación de proteger la seguridad y salud de los trabajadores frente a todos los riesgos derivados del trabajo, incluidos los ambientales.

Por su parte, el Real Decreto 486/1997 sobre condiciones de los lugares de trabajo especifica que las condiciones ambientales no deben suponer un riesgo para la salud. Además, fija parámetros orientativos de temperatura para trabajos sedentarios y de esfuerzo físico.

En consecuencia, si un puesto de trabajo expone a los trabajadores a calor intenso, la empresa tiene la obligación de evaluar ese riesgo, planificar medidas preventivas y hacerles seguimiento.

Novedades del Real Decreto-ley 4/2023 en trabajos al aire libre

El Real Decreto-ley 4/2023 introdujo cambios relevantes para los trabajos al aire libre y en espacios que no puedan cerrarse. Concretamente, establece que, ante condiciones meteorológicas adversas, incluidas las temperaturas extremas, deben adoptarse medidas específicas.

Entre estas medidas se encuentran la adaptación de las condiciones de trabajo, la reducción de la exposición o, cuando no sea posible garantizar la protección, la interrupción temporal de la actividad.

Por tanto, este cambio normativo refuerza la necesidad de que las empresas cuenten con protocolos de actuación ante el calor previamente definidos, no improvisados cuando ya se ha producido una incidencia.

Medidas preventivas para proteger a los trabajadores ante el calor

La prevención eficaz del estrés térmico combina organización del trabajo, recursos físicos adecuados y equipos de protección individual. Además, no existe una solución única: las medidas deben adaptarse a cada puesto y sector.

Organización del trabajo: horarios, turnos y pausas adaptadas

La organización es la primera línea de defensa. De hecho, ajustar el cuándo y el cómo del trabajo puede reducir de forma significativa la exposición al calor:

  • Concentrar las tareas de mayor esfuerzo físico en las horas de menor temperatura, típicamente la primera parte de la mañana.
  • Planificar pausas con una frecuencia y duración ajustadas al nivel de exposición real.
  • Rotar al personal entre tareas de distinta intensidad para reducir la carga térmica acumulada.
  • Adaptar los ritmos de trabajo en los días de alerta por altas temperaturas.

Por otro lado, los mandos intermedios juegan un papel clave. Son quienes distribuyen las tareas diariamente y, por eso, deben tener criterios claros para adaptar la organización cuando las condiciones lo exijan.

Agua, sombra y zonas de descanso

Aunque parezca evidente, el acceso real a agua, sombra y zonas de descanso no siempre está garantizado en los centros de trabajo. Sin embargo, son recursos fundamentales:

  • Agua potable fresca: debe estar disponible en todo momento y cerca del puesto de trabajo. Se recomienda beber de forma regular, sin esperar a tener sed.
  • Zonas de sombra: imprescindibles en trabajos al aire libre. Pueden ser estructuras fijas o móviles, siempre que protejan de la radiación solar directa.
  • Zonas de descanso frescas: permiten que el organismo recupere temperatura antes de retomar la actividad.

Además, en trabajos con alta exposición, conviene disponer de sistemas de enfriamiento adicionales como ventiladores, nebulizadores o ropa de trabajo con propiedades térmicas específicas.

EPIs y ropa de trabajo adecuada para la disipación de calor

Los equipos de protección individual (EPIs) pueden suponer tanto una barrera frente a otros riesgos como una dificultad adicional para la disipación del calor. Por ello, su elección debe ser cuidadosa.

En entornos con riesgo de estrés térmico, se recomienda:

  • Utilizar ropa de trabajo ligera, transpirable y de colores claros siempre que sea compatible con los requisitos de seguridad del puesto.
  • Proteger la cabeza y el cuello de la radiación solar directa.
  • Evaluar si los EPIs obligatorios (como chalecos, monos o guantes) incrementan la carga térmica y, en tal caso, planificar pausas más frecuentes.

En definitiva, el objetivo es encontrar el equilibrio entre protección frente al riesgo principal y reducción de la carga térmica sobre el trabajador.

Vigilancia de la salud en puestos expuestos a temperaturas extremas

La vigilancia de la salud es otra herramienta clave en la prevención del estrés térmico. Sin embargo, con frecuencia se limita al reconocimiento médico anual sin tener en cuenta las condiciones específicas del puesto.

Es recomendable prestar atención especial a trabajadores de mayor edad, personas con patologías previas o quienes se incorporan por primera vez a entornos con alta exposición térmica.

En definitiva, la prevención del estrés térmico por calor no es una cuestión de improvisar cuando llega el verano. Es una responsabilidad técnica, legal y organizativa que debe planificarse con antelación. Con las medidas adecuadas, es posible proteger la salud de los trabajadores y mantener la actividad con seguridad.

En FIT Safety contamos con personal altamente cualificado capaz de asesorarte a la hora de realizar la evaluación de riesgos de tu puesto de trabajo y así poder evitar que tus trabajadores sufran estrés térmico por calor. Recuerda que puedes ponerte en contacto con nosotros a través de:

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